miércoles, 19 de agosto de 2015

[Crítica] HIJOS DEL TERCER REICH

 



Título: Hijos del tercer Reich (unsere mütter, unsere váter)
Año: 2013
Duración: 270 min.
País: Alemania
Director: Philipp Kadelbach
Guión: Stefan Kolditz
Música: Fabian Römer
Fotografía: David Slama
Reparto: Volker Bruch, Tom Schilling, Katharina Schüttler, Miriam Stein, Ludwig Trepte, Mark Waschke, Maxim Mehmet, Henriette Richter-Röhl, Götz Schubert, Christiane Paul, Bernd Michael Lade, Sylvester Groth, Alina Levshin, Hildegard Schroedter
Género: drama bélico (Segunda Guerra Mundial) 
Premios: nominada a mejor miniserie


Presentación

Esta miniserie de televisión alemana (cuyo título original es unsere mütter, unsere váter: nuestras madres, nuestros padres) fecha del año 2013, aunque no fue hasta medianos del año pasado cuando la descubrí por casualidad. La vi con la idea de que era prácticamente desconocida, y tal vez por eso me impactó el hecho de que estuviera tan bien rodada. Pero más tarde comprendí que no era de los pocos que estaban al tanto de su existencia, puesto que más gente la había visto y tenía una opinión muy parecida a la mía. Con una duración de 270 minutos (hora y media aproximadamente por capítulo) puede parecer larga, pero no es ni mucho menos pesada. Hijos del Tercer Reich dispone de un argumento muy potente que abarca la Segunda Guerra Mundial como contexto histórico, focalizando en la sociedad alemana de la época (que es regida por la dictadura nazi); y con unos personajes muy bien definidos protagonizándola, podemos ver claramente lo que la guerra significó para aquellos que iban al frente con la esperanza y la seguridad de forjar un nuevo imperio, tal y como el nombre de la serie indica, pero en vez de encontrar la gloria que conllevaba las expectativas de su Führer con la victoria final, el pueblo alemán fue vencido y cayó en un profundo pozo de miseria y remordimiento por haber hecho frente de una forma tan cruel e inhumana al mundo civilizado.
Lo más sorprendente de esta serie, pues, es la fiel adoración que la mayoría de los alemanes siente por su líder, y cómo los estragos de una guerra como aquella y la cercanía de la derrota hace que su mentalidad se vaya distorsionando. Un punto a favor es la psicología de los personajes. Así es cómo nuestros protagonistas se ven en una situación en la que deben servir a su país en un conflicto armado, y por consiguiente están dispuestos a seguir hasta el final a pesar de sus razonamientos. Es con la alegría y el hecho de ser partícipes de un momento histórico como el que están viviendo cuando son jóvenes, que hace que en un principio vean el futuro con inocencia, con una perspectiva que se aleja de la ambición que ha llevado a su patria a lo que más tarde verán ellos mismos como la representación de la locura. Y es permitiéndose únicamente disfrutar del momento y dejar de pensar en el mañana, que tapan sus ojos con una venda imaginaria que les impide ver más allá de las risas y la satisfacción de estar juntos (como puede verse perfectamente en el primer capítulo cuando se reúnen para despedirse). Pero, como bien dice uno de los protagonistas, una guerra es capaz de cambiarnos. Y con eso nos da a entender que esos jóvenes que tan ciegos parecían en un principio y que tan dispuestos estaban a seguir recluidos en un mundo fantasioso, dejan atrás esa indiferencia inicial y, con experiencias personales, van moldeándose hasta que se convierten en personas completamente distintas. Es así cómo aparece en ellos una gran evolución y, jugando con la ventaja de ser una historia basada en hechos reales, esos personajes nos parecen mucho más de carne y huesos. Es por eso que creemos lograr entenderlos y que, si se me permite, probemos de consolarlos.


Argumento

El director Philipp Kadelbach nos traslada directamente a unas trincheras alemanas, acompañando la imagen de soldados corriendo en medio de las balas y las bombas que estallan en la nieve. Es la voz en off de Wilhelm la que nos incita a tomar parte de una historia que todavía desconocemos, pero que sin embargo nos ha llevado a primera línea, en medio de una sangrienta batalla en la que más allá de los parapetos vemos a un chico huyendo de la gran masa enemiga para ponerse a cubierto con los aliados. “Ése es Friedhelm, mi hermano. Ya no nos va a ser de gran ayuda”. Es con esa frase chocante -que, para mí, fue la responsable de que continuara viendo la serie y que me enganchara sin apenas haber visto más que unos pocos minutos-, con la que ese chico que está corriendo cae al suelo. Entonces empieza todo.
Nos situamos en Berlín en el verano de 1941, cuando en la ciudad se respira una paz antagónica. Así nos muestra un ambiente en el que se mantiene por encima de todo el respeto y el compañerismo, que se debe a la guerra que está en curso, pero que todavía no ha olvidado lo que es la breve diversión con la que dejan de pensar en aquello que está sacudiendo desconsideradamente sus vidas (como puede apreciarse en el bar donde trabaja Greta). En esa escena, se nos presenta a los cinco protagonistas. Cinco amigos, como insiste Wilhelm en su relato. Se conocen desde que son pequeños, porque han crecido en el mismo barrio y se han criado prácticamente juntos. Es así cómo podemos ver los lazos de amistad que los unen, lo bien que se llevan mientras celebran la noche de despedida antes de coger sus respectivos caminos.
Es con un pacto, un juramento que parece muy fácil de cumplir: volver a verse en Berlín por Navidad. De ese modo queda reflejada la incredulidad de los alemanes, que se creían vencedores de una guerra que iba a acabar consumiéndolos lentamente.


Personajes

Wilhelm (Volker Bruch): es quien nos narra la historia, y quien al principio de cada capítulo nos explica los avances de la guerra y reflexiona sobre la situación que están viviendo en el frente alemán. Está enamorado de Charlotte, aunque lo mantiene en secreto porque no quiere que sufra por su ausencia en caso de que muera en combate. Este personaje es uno de los defensores del armamento de su país, ya que su convicción por la victoria final hace que se aliste en el ejército de manera inmediata. Pues cuando tienen que partir al comienzo del primer capítulo (1941), ya nos mencionan que luchó antes en Polonia. Pero a medida que el conflicto va ganando fuerza y se vuelve más cruento, su parecer se ve quebrantado notablemente.

Friedhelm (Tom Schilling)
Es el hermano de Wilhelm y, a diferencia de él, está en contra de la guerra. Es un joven partidario de la literatura, mucho más sensible y con dificultades para encajar en el ejército. Pero esa misma juventud hace que empiece a ascender de rangos militares, y que con ello se vuelva más ambicioso y desee por encima de todo ganarse el respeto de sus compañeros. Así es cómo poco a poco olvida su vida pasado, cómo se vuelve más frío y hasta incluso deja de pensar en la muerte que no hace más que extenderse a su alrededor.

Charlotte (Miriam Stein)
Una chica apasionada de la sociedad alemana del momento, de la oportunidad que supone la guerra para su carrera. Ella quiere ser enfermera, y por eso se presenta como voluntaria. Ama a Wilhelm en secreto, y se instalará en un hospital cercano a su unidad. De ese modo, lo que es un acto de voluntad por apoyar a su país en el conflicto, se convierte en un infierno cuando se ve inmersa en un mundo en donde el sufrimiento y la muerte aguardan en cada esquina.

Viktor (Ludwig Trepte)
Muy humilde y sencillo. Es hijo de un sastre e instruido en el mismo oficio. A pesar de que es judío y, por ello, es quien peor lo tiene para afrontar la situación de hostilidad, es probablemente el personaje que menos cambia a lo largo de la serie. Temiendo que Greta corra peligro si se descubre su relación amorosa, actúa con discreción. Cuando se encuentra solo y tiene todas las de morir, Viktor hace lo posible por vivir el día a día mientras ve cómo aquellos que lo rodean no tienen la misma suerte.

Greta (Katharina Schütter)
Su sueño es ser cantante, y por mucho que haya estallado una guerra no frenará esa ambición. Es la novia de Viktor y, con el supuesto propósito de conseguirle un certificado para abandonar el país, empieza una relación con un oficial de las SS que además puede ayudarla a consolidar su expectativa musical. De ese modo, este personaje queda ajeno de la miseria de la guerra (mantenida con todo de lujos por el oficial), hasta que el descubrimiento de que éste está casado y el hecho de haber alcanzado tanta fama la hacen peligrosamente potente.